crítica de "citizen vigilante"
- Chema García
- 2 jul
- 3 min de lectura

"El cine actual suele caminar con pies de plomo, temeroso de romper los márgenes de lo políticamente correcto. Sin embargo, de vez en cuando surge una obra que decide dar un puñetazo en la mesa".
ATENCIÓN, ESPÓILER!!
Es el caso de Citizen Vigilante, una coproducción croata-alemana que está causando un auténtico revuelo social y político, dejando a los espectadores sorprendidos ante una temática tan pantanosa como valiente. Estamos ante un contenido incómodo para el sistema, precisamente porque se atreve a reflejar las tensiones reales de las calles europeas.
La película se ha topado con la censura en forma de muro administrativo: se le ha denegado la clasificación por edades, un limbo legal que, en la práctica, busca que la distribución muera antes de llegar a las salas. Se veta porque no quieren que la veas, así de sencillo. Pero en la era digital, bloquear la información es imposible. Al no encontrar cabida en los canales tradicionales, la película encontró su altavoz en la plataforma X, siendo compartida de forma masiva en varias cuentas, incluida la de Elon Musk, logrando una conexión inmediata con la audiencia que inundó las redes.
En esta narrativa pasamos del justiciero clásico al reflejo social porque, a primera vista, la película se inscribe en el crudo subgénero del justiciero callejero, heredera de los clásicos de Charles Bronson, aunque tenemos ejemplos más modernos como “Un ciudadano ejemplar” (Law Abiding Citizen), interpretada por Gerard Butler. Sin embargo, existe una diferencia fundamental: aquí no estamos ante una historia de venganza personal, sino ante un reflejo social colectivo. La trama sitúa el foco de la criminalidad en la inmigración ilegal procedente de África, un terreno en el que la industria cinematográfica actual prefiere no entrar, ya que va de la mano de la política.
La cuestión es que la película plantea una tesis sobre lo que define como la etapa más oscura de Europa en el siglo XXI: historias cotidianas de impunidad, el auténtico problema, donde las leyes parecen favorecer al estado criminal. Bajo esta lógica, los delincuentes se aprovechan de un entramado legal que los protege; al igual que en la realidad, los delincuentes serían idiotas si no lo hicieran. Ante este panorama, la obra retrata a un Estado no solo ausente, sino percibido como un favorecedor de la situación, lo que empuja al protagonista; un personaje con adiestramiento militar a actuar. ¿Por qué molesta tanto la película? Porque funciona como un espejo peligroso para el status quo social.
En el ámbito técnico y táctico, la producción cuenta con medios económicos moderados (2 millones de dólares). Las escenas de acción están rodadas con escaso realismo; en concreto la escena del asalto policial, destaca por su bajo nivel de acción verosímil, la formación en la intervención de los agentes, el uso de los escudos balísticos, el manejo táctico de armas..., las muertes a disparos no rozan el gore, sino que se meten de lleno en él o la poca gana con la que se recrea cuando los policías ven y recuperan los cuerpos sin vida de sus compañeros... Destacamos la gran interpretación de los actores que encarnan a los criminales, dotando a la amenaza de una verosimilitud humana abrumadora.
La dualidad moral se nos presenta en concreto en la escena de la intervención policial, en la que policías de fuerzas especiales intentan detener al protagonista y este evita ser detenido abriendo fuego contra ellos... Este es el punto de inflexión cuando el justiciero se vuelve contra las fuerzas del orden, dejando a varios agentes muertos en pantalla. Es aquí donde la película introduce una profunda dualidad, pues estos actos resultan moralmente reprobables. La narrativa sugiere que las fuerzas del orden no deberían ser robots ejecutores del sistema, sino humanos con empatía atrapados en una realidad que los supera.
Esta secuencia lanza la gran pregunta al espectador: ¿el fin justifica los medios? ¿Es aceptable que la búsqueda de justicia se cobre la vida de inocentes o de aquellos que solo cumplen con su deber? La película no mastica la solución; deja que cada uno se guarde la respuesta para sí mismo.
Por tanto; Citizen Vigilante incomoda a la esfera política porque rescata un concepto latente en la sociedad actual: la desobediencia civil bajo el lema de "solo el pueblo salva al pueblo", probablemente el único temor real de las instituciones. Al final, la lógica del personaje encuentra su lógica dentro del caos planteado en el guion. Es una realidad que muchos consideran innegable, y la fuerte reacción de respaldo por parte de la mayoría de los espectadores demuestra que, guste o no, la película ha sabido pulsar el interruptor de una frustración colectiva que ya no se puede ignorar.
Enlace a visionado: https://x.com/Frontera_es/status/2071127489326301202?s=20





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