top of page
Buscar

CRÍTICA DE "ZETA"


"Jason Bourne a la española" (Presupuesto de Hollywood que se queda corto).




ATENCIÓN, SPOILER!


"Zeta" es un thriller de Prime Video donde un agente del Centro Nacional de Inteligencia (Mario Casas) y una operativa colombiana (Mariela Garriga) se alían para cazar a un asesino que está liquidando a viejos espías de la "Operación Ciénaga".


Con Dani de la Torre al volante de esta película y con un presupuesto más que generoso, cuenta con un tren logístico de superproducción; 2.000 figurantes repartidos en tres países, un equipo de primera división y un DOP con un Goya a sus espaldas.


La película visualmente es atractiva, con la fotografía muy acertada, buen ritmo, con un montaje limpio y bien documentada, marca de la casa del director. Sin embargo, detrás del brillo, la historia se nos cae: arranca con el cliché del tipo solitario y autosuficiente que se refugia de la sociedad en un monte junto la compañía de su perro, una "historia típica" que carece de la creatividad necesaria para destacar en 2026.


Mario Casas es su principal protagonista y hay que reconocer que se ha trabajado el cuerpo hasta lograr una imagen de héroe de acción de primer nivel: músculos definidos, gran resistencia y una base de boxeo que le da soltura en el movimiento general. Pero aquí viene el típico problema: le han enseñado a ser un operativo real y no un actor de acción.


Se nota a la legua la manía de directores y productores de dejar su elenco en manos de instructores reales para preparar sus escenas tácticas, pero que no conocen el lenguaje audiovisual. Me apuesto la cabeza a que Mario ha estado en galería de tiro de Colombia preparando su personaje. Esto como ya he dicho en otras ocasiones, es un problema para el actor. ¿El resultado? Una rigidez de tirador deportivo que mata la organicidad. Mario interioriza el no apuntar a nadie, el tomar miras y el hacer blancos a siluetas, algo que no tiene nada que ver con el cine.

Al entrenar así, el actor no aplica memoria muscular instintiva para la cámara. Se tapa la cara sin parar con el arma, obligando a los cámaras a buscar planos laterales forzados para sacar alguna expresión. Además, el dedo índice casi siempre permanece tocando el disparador, en los movimientos dinámicos hay rigidez que se falsea con cambios de plano en durante el acting.


No hay rastro de integración biomecánica en el manejo de armas de sus protagonistas. Cometen el mismo error que vimos en Ballerina: los actores no se adaptan a la técnica, sino que fuerzan la técnica al actor. Resultado: ni siquiera una posición SUL correcta, algo que cualquier alumno mío de escuela de interpretación clava a los 10 minutos.


A pesar de las coreografías decentes y el buen trabajo de los stunts, la película abusa de la cámara temblorosa (Shaky Cam). El desenfoque y velocidad en plano cerrado para ocultar que falta tiempo de ensayo en las escenas de lucha. Es lo mismo que usamos con alumnos que llevan solo un par de horas de clase y, todavía, falta soltura. Esta falta de profundidad en los ensayos obliga a meter cortes rápidos donde se ven claramente los cambios entre los actores y sus dobles de acción. Si hubieran ensayado más, Dani podría haber abierto el plano y dejarnos disfrutar de la lucha, pero aquí la cámara "salva" la rigidez de los binomios y los avances con arma larga, que se sienten totalmente forzados porque no los han integrado, "copian" las posiciones que les enseñan sin que su cuerpo las entienda y, por tanto, las asimile.


Mariela Garriga interpreta a una agente de inteligencia de campo (operativa), aporta una fluidez estética heredada de su pasado como bailarina, pero con vicios ya adquiridos que no funcionan en un entorno táctico. En producción no han prestado atención a la coordinación física vinculada a la capacidad operativa. Se mueve bien, sí, pero no se mueve como debería hacerlo su personaje en escena. En este tipo de casos, cuando los actores llevan integrado un enfoque de movimiento de baile o de artes marcial se les debe facilitar el acting, proporcionarles opciones, porque en este caso, es el cuerpo y no la la razón quien decide que técnica acepta y la que no.


Con una puntuación de 5,6 entre 10, con 1310 valoraciones hasta ahora en Filmaffinity, evidencia que el guion es denso, rígido y se hace difícil de digerir. Los diálogos pecan de una sobre-explicación dramática que a veces parece más un podcast que una película. No hay una verdadera construcción dramática y los personajes, incluido el de Luis Zahera (que pega un empujón a su ritmo), los personajes carecen de una identidad capaz de construir una historia que te pegue a la silla.





 



 
 
 

Comentarios


bottom of page