CRÍTICA DE "HAVOC" ("ESTRAGOS")
- Chema García
- 14 dic 2025
- 2 Min. de lectura

· ¡¡ATENCIÓN, SPÓILER!!
Hardy interpreta a Walker, un detective de policía corrupto, un hombre emocionalmente agotado, atrapado en las consecuencias de su turbio pasado. Su redención comienza cuando acepta una misión: rescatar al hijo de un político con el que ha tenido tratos sucios. Lo que podría parecer un encargo puntual, se convierte en una implacable travesía por una ciudad caótica.
La película se sostiene sobre una lógica trágica: no hay héroes, solo consecuencias. Walker es un hombre que arrastra el peso de sus decisiones pasadas y, aunque la redención es un motor clásico, aquí se presenta con un tono más físico que emocional. La narrativa es deliberadamente superficial, lo que no significa vacía. Se confía más en la puesta en escena que en el diálogo para transmitir el drama.
Si bien es cierto que la acción sin un buen drama no funciona, en esta ocasión no se encuentra en la narrativa, sino en la presencia. Es una forma extremadamente difícil de conseguirla, pero lo han logrado.
Gareth Evans traslada la tensión al lenguaje visual: cámara muy cercana, iluminación agresiva, espacios opresivos. La atmósfera recuerda por momentos a Crank, The Raid (del propio Evans, 2011), John Wick, o Dredd (2012). El ritmo lo marca la acción, con planos cortos, prolongados y una edición que no busca cubrir múltiples ángulos, sino sostener la intensidad desde una perspectiva inmersiva. La acción es constante, con secuencias largas que refuerzan el desgaste físico del protagonista.
El protagonista, junto con ayuda de su compañera, se enfrentará a una doble amenaza. Sobrevivir será la única forma de salvar a los inocentes y quizá, de poder redimirse consigo mismo.
Las escenas de combate (coreografiadas por Yudi Poyer) son un espectáculo: brutales, cercanas, con un control de espacio excelente. Destaca la variedad: combates cuerpo a cuerpo, persecuciones a pie, fuego cruzado, coberturas tácticas… y la presencia de una Triada china que, como se puede esperar en esta estética, introduce cuchillos y armas contundentes como herramientas de violencia estilizada. También hay una exagerada exposición a los disparos de los villanos, sin consecuencias graves para los protagonistas.
Hay detalles técnicos que los amantes del género valorarán: el enorme juego de una Glock 18C en toda una escena, un furtivo encasquillamiento de pistola para aportar veracidad, la coherencia en la progresión física del personaje... Todo esto suma a la inmersión.
El reparto cumple con solidez, pero todo el peso recae en Hardy. Su presencia no solo sostiene la historia: la define. Cada gesto, cada jadeo, cada herida, alimentan la sensación de que estamos ante un personaje cuya lucha interna es tan intensa como la externa. Que, ademas, domina el combate y el manejo táctico de armas de fuego.
Havoc es una película que apuesta más por el impacto que por la reflexión. No cuenta tanto una historia como una experiencia. Es cine físico, directo, con alma de videojuego y cuerpo de tragedia.
Y Tom Hardy, una vez más, demuestra por qué es uno de los nombres más sólidos del cine de acción actual.
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